A tod@s aquell@s que hayan tenido experiencias de regresiones espontáneas o guiadas, y que quieran compartirlo, serán incluidos, con su autorización, en un libro referido a esta maravillosa sensación de que somos seres eternos... GRACIAS!!! Namaste, saludos a tu alma. Ramya Maya Das
ramya:
De Annie Marey Roth
Con RAMYA, EN ESOS TERRENOS
Tres primas viajamos a Capilla del Monte, tras unos terrenos en venta. Acordamos con el intermediario ir a explorarlos, antes de cerrar la operación; una verdadera oportunidad. Fuimos en auto los cuatro a un barrio cerrado y muy antiguo. Nos recibe una avenida ancha con árboles en el medio y entre la luz del sol que da de lleno sobre los seres, y las casitas serranas se alcanza a ver las cimas del Uritorco y de Las Gemelas hacia el este.
Son las nueve de la mañana y esos territorios nos esperan para que veamos si van a ser nuestros o no.
Ramya nos va contando algunos hábitos inmobiliarios de la gente de las sierras: posesión pacífica, pago de impuestos, juicio por usucapión. Llegamos.
Es una esquina, llena de arbustos aromáticos, de espinillos y de cortaderas. Me zambullo en el primer blanco que veo y con mis manos junto tierra negra, desgranada y fértil. Huelo con alegría el humus virgen, propicio para la vida. Y entonces, entiendo el sentido de mi vida.
Luego vamos a ver otros lotes, unas cuadras más al norte y mientras caminamos, nos preguntamos por las actividades que realizábamos en el mundo: abogada, una; especializada en familia; bioquímica, otra; sin ejercer demasiado pero con mucho amor por la vida; profesora innovadora yo, especializada en nada en particular.
Cuando llega el turno de Ramya dice que es numerólogo y explica su arte…y mientras va narrando, agrega que hace Iniciación en ReiKi y Terapia de Regresión a vidas pasadas.
Mientras la melodía de su voz nos envuelve a las tres, yo miro sus gestos. Él sigue describiendo su arte y voy entrando en terrenos sanadores de suma confianza, en esas tierras del amor reparadoras de toda herida. Esa misma noche, de las manos de Ramya, hice la primera regresión a mi pasado.
SALTAR DESDE LA VENTANA
Estoy acostada sobre una cama, sé que la reencarnación, tal como me la habían contado es un complejo de engaños y mitos. Así que sólo por curiosidad, accedo a esa práctica para intentar reparar mi mal: un extraña imposibilidad de traducir mi gran amor universal en gestos de ternura para con los varones.
Desde hace unos años, ya no creo en reencarnaciones, en vidas pasadas ni en nada de eso. Mi padre me había llamado Annie por la mismísima Besant que trajo noticias de la reencarnación a Europa, hacia 1900. Había leído algunos de sus libros y hasta me encontré “pagando” algunas deudas con mis muertos y muchas veces intenté explicarme mi dolor tratando de recordar vidas pasadas.
Pero en este momento, ya no creía. Me relajo igual sobre el costado derecho de la cama, mientras la voz de Ramya me da seguridad y confianza. Me instruye para que mi respiración sea sanadora: al inhalar…la bienvenida a la vida… al exhalar, despedir las toxinas, las negatividades innecesarias…
Descanso en su arte. Me indica por donde caminar, qué puerta abrir, qué visualizar hasta encontrarme con mi guía: Un Jesús luminoso que cambia sus ojos de color. Me indica cómo hablarle a mi guía, qué preguntarle.
Entonces, le pido autorización para conocer mis vidas pasadas y me asegura, sonriente, que no hay nada más que ésta vida, ésta mente, éstas manos, ésta conciencia…
Entonces, me indica Ramya que le agradezca y que lo despida.
_ ¿Ves alguna ventana?
_ Sí, una… está cerrada…_contesto.
_ Abrila… ¿dónde estas?
_Estoy en el jardín de la casa de mi abuela, voy caminando por un pasillo lateral donde solía estar siempre porque era una especie de refugio.
_¿Cuántos años tenés?
_11
_¿Estás sola?
_ Sí, hay enfrente unos vecinos que me critican y hablan mal de mi… porque soy terrible, llevo a sus hijos a pescar a lugares peligrosos, robamos frutas, con tan corta edad manejamos motos de los amigos de los padres…
Ramya me indica que hable con ella, que le haga comprender a esos vecinos, pero es Ella la que me toma de las manos y me lleva a pescar a una barranca donde siempre íbamos, es ella, valiente e intrépida que me da su amor, me cura y me hace comprender a los adultos.
Una semana después de regresar de capilla del monte, encontré entre fotos viejas, el único registro de aquella época: bajo un sombrero de paja, el perfil de la niña que fui: pelirroja díscola y dispuesta a apoyar las manos para curar los dolores de los amigos; una niña-mujer aguerrida muy delgada, de mirada inquisidora, sorprendida por los inexplicables e innecesarios desprecios de los mayores, adoradora de estrellas y de secretos árboles nocturnos.
SEGUNDA SESIÓN
Estoy recostada en el suelo, en una camilla preparada por Ramya para sus pacientes en su nuevo espacio, de Rosario. Hay una imagen de la divinidad, algunas piedras del Ganjes, mantas orientales y un clima de sagrada austeridad.
El ritual es el mismo: una puerta, una escalera, bajar, caminar por un bosque de árboles altos, encontrar un claro y visualizar la casa del que me permitirá entrar en mis recuerdos.
Esta vez, mi guía me está esperando en la puerta de su casa. Está con el torso desnudo y una manta que envuelve su cintura. Es una casa amarilla, con arcos, muchas ventanas y una pérgola en la entrada. Me recibe con amor, me lleva con sus manos en mis hombros hacia el interior de su casa y me conmueve estar con su divina Gracia. Ramya me indica que converse con mi guía, que le pida que me permita conocer lo que necesite, para curar mi bloqueo. Le digo que lo amo, que no creo en vidas pasadas, él me dice que hay algo de eso que es cierto, que confíe y me deja que comience mis recuerdos.
No veo nada, no recuerdo nada y me relajo. Dejo que esa nada me oriente. Quedo tendida así muchos minutos, no sé bien cuantos… Dejo que el silencio y la inacción sean los señores. Sigue pasando el tiempo…
De pronto, la cabeza se me ladea lenta pero firmemente hacia la derecha, hacia la pared. Y comienza a moverse mi cuerpo como si estuviese danzando, como si fuese una odalisca, me siento muy bien, estoy ahora descansando en mi cuarto. Estoy en una cama egipcia de madera y es muy placentero el movimiento de bailarina, tengo unas ropas floreadas y mi cabello está recogido. Cleopatra es el nombre que me sale.
Después, veo una japonesa con Kimono, bailando. No siento nada por ella...ni siquiera cuando sé que soy una especie de objeto de placer de muchos hombres. Hay cuerpos desnudos, creo reconocer la mirada de uno de ellos. Luego la veo en una escena en un jardín, donde mata a un hombre que le hace daño; que es torpe con ella.
Luego, Veo una mujer de cabellos negros, está triste mirando el lago en su casa. Ella tiene hijos con su padre, está con ellos sin amarlos y se ahorca siendo aun muy joven.
Cuando Ramya me indica que regrese a la casa de mi guía, él me asegura que no era ninguna dejaban recordar.
También me hace gestos de que ya voy a entender todo, que no me preocupe. Que todo lleva su tiempo...
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